--

7/2/16

4 AÑOS DE IMPUNIDAD: NOS NEGAMOS A OLVIDAR

Actualizado:


Que rápido pasa el tiempo. El vacío que dejo la partida de Humberto sigue igual o peor, porque hasta hoy nada ha ocurrido y como vaticiné hace 4 años, nada va a ocurrir. Para la justicia colombiana este humilde hombre solo era un insignificante campesino más, un ermitaño de páramo, una cifra. Su verdadero valor solo estaba en el corazón de quienes lo conocimos y aun nos resistimos a olvidar.

Los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte, los valientes gustan la muerte sólo una vez. - Shakespeare




Llegar  la casa de Humberto Cañón nunca fue fácil. Aquello tenía un precio que se pagaba con sudor y esfuerzo. Era el lugar perfecto: lejos de todo y de todos, en el frío silencio de los valles altos del nevado del Tolima, solo interrumpido por el viento y ocasionalmente por las sonoras carcajadas del que será por siempre su Guardián.

Quien no quiso regresar alguna vez?
Conocí a Humberto Cañón por recomendación de Jairo Gaspar, viejo compañero de montaña quien había llegado por primera vez a su casa una fría noche de 1996. Jairo, quien había hecho ese día el camino de las Nieves desde el caserío de Juntas le explicó que estaba allí porque quería conocer el nevado. 

Y naturalmente Humberto, quien era un campesino normal del páramo que no sabía aún mucho de montañistas ni de turismo, no comió cuento. Con desconfianza le permitió quedarse, pero no allí, sino en el pequeño cañón a orilla de la quebrada, a unos 100 m de su casa. 



Al día siguiente, luego del baño en la piscina termal, los recelos quedaron atrás y Jairo se despidió prometiendo volver, lo que cumplió muchas veces en los años siguientes.

La historia de este encuentro y de este curioso lugar de aguas calientes cerca de las nieves y su  solitario custodio fueron suficiente motivo para preparar mi viaje. 

Llegué a su casa una tarde cualquiera de ese mismo año. 

Un poco después de asomar al alto que por el camino de la meseta domina la planicie en la que esta su casa, note una pequeña figura que asomaba de la habitación principal y luego se dirigía a un anexa, de donde un momento después una columna de humo se elevaba hacia el cielo.

Con los años todos reconoceríamos el significado ese humo: agua de panela con menta, sopa de col, papa y pasta, el sello de bienvenida para todo el que llegara a su casa. Una cocina siempre tibia, refugio de muchas tertulias, de muchos sueños.

Nunca sabré el motivo, pero Humberto no me envió al cañón de la quebrada. Esa noche, después de una animada y larga charla me invito a armar mi carpa en el que se convertiría no solo en el campo base de mis ascensos a los glaciares y espolones del nororiente del nevado, si no en la casa de quien llegaría a querer y a respetar como un amigo.

Recuerdo mi primer intento -solitario obligado- al espolón del Placer en 2.006. Antes de salir aquella madrugada muy serio me advirtió que de no regresar en la tarde, partiría a bajarme de donde estuviera.

Su expresión me convenció de que su intención era real. No sería la primera vez que Humberto bajaba de su montaña a algún asorochado o encontraba algún perdido. Pero esta vez seria más arriba y mas difícil.

-      -"Ya tengo los crampones" me dijo muy serio.

Y era cierto. Meses atrás, le había regalado mis primeros crampones y la mitad de mi cuerda, y para él era suficiente.

Pero no fue necesario. Regrese molido del espolon directo a su cocina. Humberto estaba preparado: de un oscuro rincon apareció quizá la cena más especial que alguna vez ofreció: carne seca de chivo, trucha, arroz, queso campesino y una botella de vino. 

Brindamos por una escalada que para él también tenía valor y el vino se convirtió en aguardiente.

Al día siguiente desperte por los gritos de Humberto a eso de las 5 de la mañana.

-"Hermano salga, salga rápido que esta nevando...!"

Me costo salir del calor de mi sleeping a vivir uno de los momentos mas toscamente capturados con mi cámara pero tambien uno de los mas significativos en mis correrías por el nevado del Tolima.

-"El nevado esta feliz por el espolón... si ve..?

Fue una de las nevadas mas fuertes que recordaba Humberto. Ocasionalmente las heladas del verano escarchaban el rocio sobre el suelo, pero aquella era una verdadera nevada a 3.800 m: estalactitas de hielo colgaban de las canales en las tejas de zinc del techo de la cocina y las piscinas estaban frías.

Observamos la nevada -agua de panela en mano- y el me hablo de un reciente incendio causado por sus vecinos para abrir espacio a los pastos y al ganado. 

Le dolía ver su montaña ardiendo, le dolía pasar del verde paramuno al negro de los frailejones carbonizados. A mi regreso pasaría por el lugar de la quema y vería con tristeza como la nieve de aquella especial nevada en su deshielo formaba pequeños riachuelos de carbón y algunos frailejones chamuscados aun se mantenían en pie, como espantapájaros sobre los filos de la montaña.

De donde venia su conciencia sobre el delicado equilibrio ambiental de la montaña?

Humberto era mi amigo. Lo fue desde ese primer día desde 1996, lo fue allá en la montaña en larguísimas tertulias sobre todos los temas imaginables: la vida, el parque, sus sueños para su termal, el montañismo y hasta  la situación mundial, de la que siempre estaba informado. 

Recuerdo con especial regocijo una animada charla que tuvimos sobre las mujeres, -tema de tertulia donde quiera que hay mas de un hombre- y que se prolongo hasta muy avanzada la madrugada de un día cualquiera al abrigo de su cocina y un canelazo de ron:

-“…Noooo manito, para eso estoy mejor solo…!” fueron –entre risas- sus palabras, reflejo de un carácter fuerte e independiente.

Humberto era mi amigo. Lo fue en cada atencion, en cada plato de sopa, en cada agua de panela que preparó y llevo y a mis compañeros y a mí con humildad hasta su artesanal jacuzzi. 

Lo fue, porque su casa nunca tuvo puertas, porque compartimos desde tardes recogiendo leña, cosechando cubios, limpiando las canales del agua termal y viendo “El hombre nuclear” a blanco y negro en su pequeño televisor solar hasta tardes técnicas discutiendo de rutas, glaciares, haciendo nudos, atando crampones y tejiendo sueños.

Con su hermana, Cleo Cañón
Fui amigo de Humberto, el ser humano y sensible -pese a su aparente rudeza- y también compartimos momentos bajos. 

Recuerdo con especial tristeza la trágica perdida de nuestro amigo Jairo Triana. Humberto había bajado a Ibague para asistir a una misa por su madre y Jairo había subido a cuidar su casa y el termal, un gesto de amistad que se convertiría en una cita con su muerte a manos de un ejército que bajo un régimen que pagaba por cada “baja”, disparaba primero para después preguntar.

Tengo muy clara esa mañana: juntos recreamos la tragedia guiados por las marcas de las balas en el suelo donde hoy muchos caminantes que no conocen los hechos, arman sus carpas. 

Veo a Humberto en la puerta de su casa: en una mano un gastado cubre carpas y en la otra un guante y unas llaves. Las mira con intensidad, como tratando de leer algo.

Pasan eternos segundos.

-"Esto es de Jairo, lo único que no se llevaron. Él me estaba reemplazando ese día…"

Su voz se quiebra, sigue el silencio. Se repone en un segundo.

-"Quiere otra aguapanelita manito?"



Recibí la noticia de su muerte mientras viajaba con el equipo de “La era del deshielo” hacia la cordillera blanca del Perú. Había hablado con él  en el Hospital Federico Lleras de Ibagué después del primer atentado y ante su decisión de regresar a su termal, le exprese mi temor por su vida.

Adolorido en su camilla, solo sonrió. Le pedí pensarlo bien, pero en mi interior sabía que aquello era perdido. Humberto pertenecía a su montaña.

No estuve en su funeral. Necesite seis meses para reunir el valor necesario para regresar al termal. Una tarde del 28 de agosto de 2011 llegue al alto sobre su casa, pero nadie se asomó. Nadie corrió a la cocina, ni la columna de humo se alzo al cielo.

Aun siento lo que sentí ese día. Baje hasta la casa a encontrarme con el significado de su muerte y la profunda herida que causaba su ausencia. 

Ese día descubrí que la montaña había cambiado. Siempre quise que mi hijo le conociera, que escuchara sus historias, sus sonoras carcajadas, quería que me acompañara algún día a escalar “la Kraus”...quería que viviera mucho tiempo más.


He pasado un par de veces más por allí, salude en su momento a Andrés y a Claudia y hace pocos meses a Don Gerardo -amigo de Humberto y actual encargado del termal- a quien no conocía, pero que al llegar y presentarme, sonriente y sin mediar saludo dijo:

-Yo lo conozco… Cañón hablaba mucho de usted.

Me quebré. Y Don Gerardo escucho el crujido en el silencio del páramo.

Alégrese amigo…le provoca una aguapanelita?

Sonreí adolorido. Talvés aún queda algo.



ALGUNAS NOTAS y VINCULOS

Post original.
Reseña - Senderos y memoria
Rseseña - El salmon
Noticia - Ecos del Combeima
Homenaje a Jairo y Humberto - Truman Adventure
Homenaje (video) - Andres Alquivar Henao
Homenaje (video) - CEKUMA 2011

Publicacion de  la Universidad nacional de Colombia en la que se dan agradecimientos a Humberto por su apoyo a la investigación de turberas en el nevado del Tolima:

En 2010, finalizado un intento de escalada al espolón de Mesetas, fuimos entrevistados en el termal por un equipo de jóvenes que trabajaban en un corto audiovisual sobre Humberto. Perdí su contacto y tengo la esperanza de que quizá alguien cercano a ellos vea esta nota y puedan hacer un puente para saber un poco sobre dicho audiovisual. Ver foto

Agradecimientos por las fotos: Cleo Cañon, Carolina Cruz Vallejo, Camilo Paez.